Pena Larga, vista desde la carretera a Lago de BabiaPena Larga o Peña Larga es una de tantísimas cumbres poco conocidas que contiene Babia. Si estuviera en la provincia de Ciudad Real o en la de Valladolid, sería uno de los paisajes más fotografiados y protagonistas de portadas y postales del lugar. Pero tuvo la mala suerte de surgir en Babia, donde hay más montañas que habitantes, y muchas de ellas más altas y contundentes que ésta al ojo contemplador.

Vista desde la carretera general de Cabrillanes a Piedrafita, con el punto máximo alcanzado marcado con un círculo negro
Sólo tiene 1732 metros de altura, pero seguro que los que frecuenten la carretera CL-626, que cruza Babia de extremo a extremo, conocen de sobra su silueta, aunque más con el subconsciente que con la mente consciente. El nombre de Pena Larga lo he tomado de algunos mapas, que parecen coincidir en el nombre. Desconozco si ése es su nombre real o no, y ése será una de las lagunas importantes de este blog sobre Babia, creado, como indica uno de los subtítulos, por un forastero. No tengo apenas conocidos en Babia ni informaciones fidedignas sobre los nombres correctos de picos, arroyos o parajes, porque los que se repiten en internet en las descripciones de rutas pueden haber sido tomados de nombres erróneos de los mapas oficiales u otros que se hayan basado en éstos. Según me vaya sumergiendo en la comarca, me tropezaré aquí o allá con algún paisano parlanchín al que poder sonsacar algún topónimo, para ir confeccionando mi mapa toponímico mental de Babia. Con el tiempo, según vaya descubriéndolos, tendré que ir corrigiendo nombres publicados meses atrás en otras entradas. Sólo espero que si alguien de la tierra lee alguno de los reportajes y localiza algún nombre equivocado o que está mal escrito, me rectifique.

Dos vistas de Piedrafita de Babia con el final del cordal de Pena Larga de fondo

Sea o no su nombre, Pena Larga hace justicia a la forma de la montaña. Es un cordal estrecho y largo, que culmina en una peña alargada con caída hacia el lado este, donde se encuentra el que seguramente sea el lago más grande de Babia, conocido con el nombre de Laguna Grande. Desde el lago se puede ascender a la cumbre en poco tiempo, bordeando las peñas por la derecha, para alcanzar el cordal, más allá de donde termina la peña.

El Lago de Babia y Pena Larga, con su vertiente de ascensión más fácil
Hace unas semanas, recorriendo la carretera entre Piedrafita y Cabrillanes, me fijé que el cordal moría en la carretera sin ningún valla o alambrada que impidiera iniciar ahí la ruta hacia la cumbre. Para entonces, había mucha nieve y este tramo inicial, de bastante pendiente y muy rocoso, sería muy fácil de recorrer. Unos días después, y tras una subida de temperaturas que limpió gran parte de la nieve en la zona baja de la montaña, fue cuando, para aprovechar unas horas libres que tenía yo y la persona a la que engañé para que me acompañara, decidí hacer la ruta. Hubo que cambiar el inicio de la ruta, porque había demasiada roca al descubierto, y muy húmeda y resbaladiza porque había estado nevando esa misma noche pero la nieve se había ido derritiendo.

Llegando al merendero junto al borde del pinar de Monte Carcedo
Por tanto, salimos de Piedrafita de Babia hacia el pinar, el Monte Carcedo, que tiene un panel explicativo tras las últimas casas del pueblo. Allí, una pista atraviesa una puerta metálica y se dirige hacia la vaguada que hay entre el pinar y el cordal de Pena Larga. Había decidido acceder al cordal por una línea de nieve que iba subiendo en diagonal, luego en horizontal (donde se veían cuatro corzos) y que, ya a pocos metros de lo alto, permitía subir con menos tramo de roca hasta el cordal.

Tras una larga recta se alcanza una caseta junto al arroyo

Atravesando el arroyo, por un camino entre muros se sale a campo abierto, al pie de la montaña
Avanzando por la pista hacia la caseta aislada que hay junto al arroyo, comenzó a nevar copiosamente. Atravesamos el arroyo teniendo que meter las botas en el agua, aunque por suerte no entró. La vegetación -consistente en este espinoso arbusto cuyo nombre desconozco pero que es similar al tojo, aunque de mucha menor altura y que no florece en primavera- estaba bastante tapada por la nieve, aunque no lo suficiente. Haciendo zigzag para ir evitándola y aprovechando pequeños claros, alcanzamos el leve corredor de nieve, a la derecha de una pequeña franja rocosa. Aún aquí, las rocas debajo, a veces estaban apenas cubiertas de nieve, resultaban resbaladizas, y rompían el ritmo del paso. Al llegar a la repisa horizontal, los corzos ya habían desaparecido. Casi al final de ella, por el punto donde más nieve había, salimos hacia el cordal.

Por debajo de la línea roja, las zonas más oscuras son arbustos punzantes. Por encima de la línea, rocas

Eso era todo lo que habíamos alcanzado a ver hasta el momento de Pena Larga

El Monte Carcedo y la caseta que dejamos atrás

Ganando altura por terreno 'pestoso'

La presunta Pena Larga, en un receso de la nevada
Nevaba a intervalos breves, pero arriba el frío era más intenso por el fuerte viento, y hubo que recurrir a la chaqueta, el segundo par de guantes y el pasamontañas. Giramos hacia el norte, por un cordal muy fácil de recorrer, me imagino que incluso sin nieve. El espesor era escaso, aunque el viento formaba trabes (ventisqueros) de un metro de espesor en algunos puntos. Comenzó la ventisca, de diez minutos de duración, pero intensa. La que pensé que era la cumbre de Pena Larga, que aparecía y desaparecía cada vez que nevaba o dejaba de nevar, ya estaba muy próxima. El cordal, en los últimos metros, se convertía en arista, con mucha roca y poca nieve, y con el añadido del precipicio del otro lado y lo intenso del viento, no invitaban a la aventura. Por su izquierda, una pala de nieve, aparentemente de mucha pendiente, era la única alternativa para subir a la cima.

Alcanzamos el cordal, otra vez nevando

Y por fin, la primera vista completa de la montaña
Antes de llegar a la pala -forma cóncava del terreno donde se acumula mucha nieve-, hubimos de abandonar el cordal, que ya derivaba en arista. Al llegar a la pala salió el sol, y con la ausencia del viento al estar por debajo del cordal, comenzaron los sudores. La pala resultó tener una pendiente razonable, por lo que no hizo falta quitar las raquetas que pusimos al llegar al cordal. Bordeamos la cumbre por la izquierda, donde ya se estaban empezando a formar placas de hielo y el viento no permitía que la nieve hiciera cuerpo con la que ya estaba asentada, para descubrir que la cumbre aún estaba más allá. Nos dirigimos hacia el filo de la montaña, ya con mucho más espesor de nieve, para atacar los últimos metros del día.

Tras la ventisca, abandonamos el cordal, que se convierte en arista, y nos acercamos a la pala de nieve antes de la cumbre

Ya estamos llegando...

...ah no, espera, si hay otra cumbre aún más allá. Vamos
Comenzó de nuevo a nevar, y la visibilidad volvió a reducirse. Al alcanzar la que creíamos ser la cima de Pena Larga, vimos que, un buen trecho más allá, apenas visible entre la ventisca que la envolvía, estaba la verdadera cumbre de Pena Larga. Sólo estaba 50 metros más alta que nosotros, pero había que perder algunos por una brecha que separaba ambas cimas. Entre que era la primera ascensión invernal en estas condiciones de mi compañero de ruta, que no pintaba muy bien el día por allá arriba, y que tampoco pensábamos que nos fuera a llevar tanto tiempo lo que ya habíamos hecho, decidimos dar la vuelta. Como no soy coleccionista de cumbres, no me importó lo más mínimo tener que renunciar a ella. Habíamos pasado un buen rato, habíamos disfrutado del paisaje, y eso era lo más importante.

Ya estamos arriba. Oye... espera, ¿y ese piquito que se ve más allá...?

No, pues la cumbre es aquélla, no ésta. Empieza la ventisca otra vez. Pues na, pa casa
Para el regreso no me apetecía un pimiento descender por donde habíamos subido, porque se anunciaba un número considerable de resbalones y culadas. Seguir el cordal hasta la carretera, por la ruta que yo había previsto días atrás, se me antojaba igual de mala. Según subíamos, tenía en mente descender desde la cumbre hacia el oeste, hacia el collado que da vista a Cacabillo, el barrio de La Cueta, pero no tenía recuerdos de cómo era la ladera de Pena Larga por ese lado, y necesitaba forzosamente tener visibilidad para ver por donde me estaba metiendo. Con la cumbre envuelta en la ventisca y además sin ni siquiera haber llegado a ella, esa opción quedaba descartada. Durante el regreso por el cordal, en una pequeña brecha a medio recorrido, vi que hacia el este, del lado de la Laguna Grande, el roquedo desaparecía durante unos metros, y aunque no se veía toda la ladera desde arriba, parecía que se podía descender sin problemas.

Por aquí parece que no hay ningún cortado. Vamos a probar a bajar por aquí

¡Ven, baja, que está despejado!

Nos despedimos de Pena Larga (de la primera de las tres cumbres)
Decidimos, por tanto, probar por ahí. Un quiebro primero hacia la izquierda para evitar un pequeño cortado, y salimos a un gran campo de nieve, con mucho espesor, a pleno sol. Fue el mejor momento del día. Desde allí, giramos a la derecha para tomar el pequeño valle que se formaba, y que se dirigía hacia la carretera general. Según contemplaba el cordal de Pena Larga de extremo a extremo, habíamos ido a escoger el único punto en que se podía abandonar sin problemas hacia esta vertiente, siendo todo el resto roquedos verticales de mayor o menor altura. Sin nada más de mención, salvo otros ocho corzos que nos tropezamos (los cuatro de antes, que se vieron obligados a volver al punto inicial, y otros cuatro colegas), y que subían por las peñas como si fueran rebecos, llegamos a la carretera, justo al lado del inicio del cordal de Pena Larga.

Llegamos a un gran campo de nieve con mucho espesor

Y otra vez a nevar...

En verdad bajamos por el único punto razonable hacia esta vertiente. El cordal seguía con pequeños cortados hasta el final


El pequeño valle por el que hemos bajado...

...y la carretera

No es una ruta con un gran interés, viendo todo lo que ofrece Babia, pero que con nieve (algo más de la que tuvimos nosotros) supone un itinerario rápido de hacer, ya que se puede dejar el coche a escasos cien metros del inicio del cordal. Desde la cumbre de Pena Larga, la vista sobre la Laguna Grande (que nosotros no alcanzamos a ver) debe de ser magnífica.

Itinerario. Pulsar en la imagen para ampliar

Mapa extraído de Google Maps con la ruta realizada en trazo rojo. Pulsar en la imagen para ampliar

La braña del Rañadoiro, con las montañas al este de La Cueta: Salgueiro (2.152 m, centro) y la montaña bicéfala de Punta la Sierra (2.155 m.) y Peña los Años (2.158 m.) a la izquierda
Al oír el nombre de La Cueta, pueden venir a la mente tres ideas: que se está hablando del pueblo más alto de la provincia de León, a 1.460 metros de altitud; que es un buen lugar para ir a comer; o también que a poca distancia de allí nace el río Sil. El objeto del reportaje que se describe a continuación no guarda relación ni con la segunda ni con la tercera. Seguramente es una de las rutas más sosas que tienen como punto de partida La Cueta, pero por eso precisamente no aparecerá en ninguna descripción en internet. Aunque lo de soso tampoco es cierto, porque los paisajes de Babia, sean donde sean, siempre tienen su particular encanto.

Saliendo de La Cueta por la pista que se dirige hacia el puerto de Somiedo

La Cueta se refugia bajo la tutela de este cerro con forma de dragón dormido. Detrás, el Salgueiro (2.152 m.)
Atravesando todo el pueblo de La Cueta, y cruzando el río junto al restaurante, al lado de una fuente aparece una puerta metálica cerrada con candado. Por un lateral, hay espacio suficiente para que pasen los peatones. Del otro lado, un ancho camino de tierra poco a poco se va convirtiendo en pista, y asciende suavemente en dirección norte, paralela al río, aunque unos metros por encima de él. En poco tiempo llegamos a un gran muro cuadrado en el que no se ve nada más, pero que resulta ser el cementerio. Mirando al frente, aparece de fondo la ancha forma de Peña Chana. Menos de un kilómetro después del cementerio, alcanzamos un cruce de la pista, donde un ramal -el principal- gira completamente a la izquierda y comienza a subir hacia un collado. Ésta es la pista que se dirige hacia el puerto de Somiedo, a algo más de tres kilómetros de distancia de aquí. En muy poco tiempo se llega al collado, desde el que se tiene una buena vista sobre el Cornón y la Penouta. Mirando atrás, en dirección opuesta, asoma ligeramente la puntiaguda cumbre de Peña Orniz.

Peña Chana (2.068 m.), siempre de fondo al norte

La mole del Cornón (2.188 m.) y a su derecha, la Penouta (1.976 m.) desde el collado de la pista entre La Cueta y el puerto de Somiedo. En medio, el gran espacio vacío

Desde el collado, la pista desciende a la gran hoya glaciar del valle del arroyo del Fuexu
Descendiendo otro kilómetro por la pista desde el collado, llegamos casi al fondo de la ancha hoya glaciar de más de un kilómetro de anchura, en la que no hay absolutamente nada, excepto pastos. Ni un árbol, por supuesto. Un camino casi borrado al principio sale a mano derecha y se dirige hacia el norte, por la hondonada del arroyo de la Pradiella. Al llegar junto a unos muros de piedra, el camino muere. A nuestra izquierda aparece un diminuto chozo con techo de teja. Bordeando el muro y atravesando una alambrada por su punto más bajo, se pasa justo junto al tejado del chozo, donde aparece otro camino que se va limpiando de vegetación según vamos de nuevo hacia el norte. Por él llegamos al arroyo de la Pradiella, que el camino vadea al llegar a otro muro circular de piedra. A partir de ahí ya no hay camino ni sendas continuas. Bordeando el muro por la izquierda llegamos a un chozo circular, que aún conserva el techo de piedra (no recuerdo ahora mismo ningún otro en esta porción de la provincia de León que aún se mantenga el pie). Junto a él, un depósito de agua abandonado. Salvando como mejor se puede los puntiagudos arbustos, nos dirigimos de nuevo hacia el arroyo de la Pradiella, donde confluyen los restos de algunas sendas, que lo cruzan. Por encima, una peña ancha y de poca altura a cuya izquierda hay un gran corral, que figura en el mapa militar.

Habiendo abandonado ya la pista, y dirigiéndose por un camino hacia el norte. En el centro de la imagen, Peña Salgada (1.979 m.)

Chozo aún en pie en el valle del Rebezu

El valle del Rebezu, desde la peña encima del corral. A la izquierda, la Peña de Orbia (1.830 m.)
A partir de este punto, se puede ascender con facilidad por cualquier punto de la montaña. Un marcado sendero de ganado se dirige hacia la cima de la peña que antes mencionaba, atravesando una franja rocosa muy pisada, pero que requiere el uso de las manos. Otra senda, que luego se evapora, bordea la peña por la izquierda. Desde la cima, situada a unos 1.600 metros de altura, una amplia y difusa loma se dirige hacia el collado 1748, al norte de la braña o majada del Rañadoiro. Poco antes de llegar al collado me topo con un sendero horizontal que va paralelo al cordal, y que tomo en dirección norte hacia el collado. Desde aquí, ya sólo queda la subida final por el cordal principal hacia la Loma de los Michos, que sirve de límite con Somiedo, y donde nos esperan magníficas vistas. Recién comenzada la ascensión, un sendero aprovecha un estrato de roca triturada para dirigirse hacia la derecha, en dirección al collado El Muñón, mientras que de frente, aunque ya escorándose ligeramente hacia la izquierda, sigue el sendero que va al collado al oeste de la Loma de los Michos, por donde pasa un sendero de pequeño recorrido del puerto de Somiedo a la braña de Sousas. A la izquierda (oeste) del pequeño collado, impresiona la dentada arista de la sierra del Rebezu, que concluye en el Alto del Rebezu o Peña Salgada. A mis pies, el hermoso descenso a la braña de Sousas, de un verde intenso, aunque aún con mucha nieve. La vista es espectacular, y aunque la subida desde La Cueta ha sido hermosa, no hay punto de comparación con lo que se abarca desde aquí.

La sierra del Rebezu, próximos ya al collado que separa Babia de Somiedo

Ya en la Loma de los Michos, vista hacia el oeste: de izquierda a derecha, sierra del Rebezu (1.909 m.), Loma Roja (1.925) y Peña la Franca (1.933 m.)

Peña Orniz (2.188 m.), que es, junto con el Cornón, la montaña más alta de Somiedo

Bajo Peña Chana (2.068 m.) se ve el collado de El Muñón (1.847 m.). Un poco antes, de la brecha que se aprecia abajo a la derecha, sale un sendero que vuelve hacia el cordal del Alto del Rañadoiro (1.784 m.)
Desde el collado, recorro la Loma de los Michos, que no ofrece ninguna dificultad, hasta otro collado, previo a del Muñón, y más estrecho y marcado. Desde aquí tomo el final de una senda, que me devuelve a la loma de ascenso desde la braña del Rañadoiro, por encima del collado 1748. Bordeo el Alto del Rañadoiro (1.775 m.) por el sendero que ya recorrí antes, y a través de un lapiaz, llego a la braña del mismo nombre, que consiste en una horrorosa caseta adosada a un muro rectangular que, por el olor, hace de corral para algún rebaño de cabras y se usa con frecuencia. Unos metros a la izquierda de la cabaña, invisible desde ella, sale el inicio de una pista, que en zigzag, se dirige en dirección hacia La Cueta. Lo que era inicialmente una pista, se convierte en un mal camino donde abunda la hierba para, al llegar a otras dos construcciones y un abrevadero seco, volver a convertirse en pista. En unos minutos, llego a la pista que se dirige al puerto de Somiedo, y de ahí, ya por terreno conocido, de vuelta a La Cueta. A pesar de ser un lunes, hay gente comiendo en el restaurante.

Los neveros, muy rígidos por ser de nieve de principios del invierno, se van ahuecando por el interior cuando discurren arroyos bajo ellos y ofrecen peligrosos puentes de nieve que pueden dar más de un susto

Cabañas y abrevadero en el descenso, ya en el valle de Fasgares, que es el arroyo que se une al Sil en La Cueta

Mapa extraído de Google Maps con la ruta realizada en trazo rojo. Pulsar en la imagen para ampliar

Mapa global del espacio natural Alto Sil con la ruta realizada en trazo azul. Pulsar en la imagen para ampliar
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Muxivén (2.027 m. izqda.) y Cornón (2.188 m., dcha.), desde los prados de Piedrafita de Babia
Hay de esos días de lluvia, no de mucha lluvia, pero sí lo suficiente para que no te embarques en alguna larga ruta de montaña, por si acaso, en que apetece estirar las piernas sea como fuere. Siempre hay lugares desconocidos, a veces a la puerta de casa que, por el simple hecho de poder ir en cualquier momento, se van dejando para un futuro aparentemente próximo, pero que nunca llega. Recuerdo una ocasión en que fui a visitar a dos amigos que vivían en León capital, uno de ellos de Sahagún, que nunca habían visitado la iglesia mozárabe de San Miguel de Escalada, que conocía yo simplemente de fotos en libros de texto de la escuela, y a la que les pedí que me llevaran. "Es que como está ahí, tan cerca, y se puede ir en cualquier momento, al final no hemos ido nunca".

La vega de Piedrafita de Babia. Al fondo, el Alto del Cuerno (de La Mora), devorado por las minas de carbón a cielo abierto

El otro Alto del Cuerno, encima de Piedrafita de Babia, en la ladera opuesta a la que contiene el pinar
Los lugares de recorrido pedestre a los que me referiré, desde luego no tienen el gancho que puede tener el monumento antes citado, por no decir que prácticamente no tienen ninguno. Y por eso mismo, seguro que casi nadie de Laciana o Babia ha puesto su pie en ellos. El primero de ellos transcurre por el gran espacio 'vacío' entre Piedrafita de Babia, La Vega de los Viejos y el puente de las Palomas. Digo 'vacío', porque es una zona de pastos casi llana en la que, aparte de caballos y muros de piedra, es raro que veamos algo que nos llame la atención. Por su interior, entre muros, discurre una red de caminos, accesible desde tres puntos diferentes, todos unidos entre sí. El canal que va paralelo a la carretera del puerto de Somiedo, pocos metros por encima de él, suelta de cuando en cuando unos espectaculares chorros de agua que vierten en los prados, regándolos y anegándolos por zonas. Lo más interesante, aparte de algunas turberas que se han formado, es la vista de 360º que se tiene desde allí, desde Piedrafita de Babia, pasando por los cielos abiertos entre esta localidad y el santuario de Ntra. Sra. de Carrasconte, hasta el Muxivén por el oeste o la Pena de Orbia por el norte.

El canal entre La Vega de los Viejos y Piedrafita desagua, ocasionalmente, sobre los prados de la vega

Pena de Orbia (dcha.)
La lluvia hizo acto de presencia, pero el paraguas fue suficiente cubierta y no hizo necesario el tener que refugiarse en el siempre cercano vehículo. El recorrido, en su totalidad, tenía la banda sonora de fondo de los dúmpers y retroexcavadoras de los cielos abiertos, que aquí ocupan la mayor extensión de toda la cordillera Cantábrica, teniendo en cuenta que todo lo abandonado no ha sido restaurado y, aparentemente, sigue formando parte de la misma explotación.

Peculiar caseta, con ventanas que parecen extraídas de un vehículo
El primer recorrido sólo supuso seis kilómetros, que siendo casi completamente llanos, apenas daban para poner un poco la sangre en circulación por el cuerpo. Al sur de Piedrafita de Babia, otra zona de pastos, más agreste, se encamina hacia el corazón de la explotación minera. Tomando el desvío hacia el santuario de Carrasconte, unos centenares de metros después, tras cruzar un pequeño puente, sale un camino bien marcado hacia la izquierda. Siguiéndolo, un ramal enseguida parte hacia la izquierda, en dirección a Piedrafita de Babia. El que sigue de frente, entra en la vaguada de un arroyo, y luego se vuelve a bifurcar. El de la izquierda muere en una hondonada cubierta de hierba, y el de la derecha, más marcado, inicia una larga cuesta, suave, que de pronto se ve truncada por una barrera de tierra depositada allí por alguna excavadora de la mina. En el ascenso, un cruce de mastín con perro ratonero, muy joven y con más miedo que vergüenza, buscaba mi compañía y al mismo tiempo reculaba con pavor en cuanto me dirigía a ella. Cuando veinte minutos después descubrió que yo no iba a darle una patada ni a golpearla, decidió que ya podíamos ser amigos.

Balsa para la extracción de agua de las minas de carbón a cielo abierto

¿Qué pensarán?
Juntos llegamos a la 'piscina'. Enorme. Mucho más pequeña que la del Campo de La Mora, pero es que aquélla es gigantesca. A ésta descendían empinadísimas laderas de tierra estéril, mezclada con capas de carbón. La falta de vida en todo su entorno me hacía recordar a esas lagunas en la base de los glaciares en las montañas más altas del planeta, rodeadas de morrenas siempre en movimiento, en las que no crece absolutamente la más mínima brizna de hierba. La diferencia es que aquello es natural, y esto no. Allí nunca hubo vida, y aquí la hubo hasta anteayer. Mirando ya hacia fuera del entorno inmediato de la laguna, refulge el verde brillante de la hierba mojada de los prados, que antes se extendían también a lo que ahora es una monstruosidad.

Aquí aún no ha llegado la explotación minera. Antes era todo así

El Cornón (2.188 m.), máxima altura de la comarca de Laciana y del espacio natural Alto Sil

Mapa extraído de Google Maps con la ruta realizada en trazo rojo. Pulsar en la imagen para ampliar

Mapa global del espacio natural Alto Sil con la ruta realizada en trazo azul. Pulsar en la imagen para ampliar
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